Vivir en el aire

No tienen rutinas, ni horarios fijos ni fines de semana. ¿Está a punto de tomarse vacaciones? Algunas de las personas que podría encontrarse en el avión cuentan aquí cómo es la vida a más de 10.000 metros de altura.

Rosario Fichera de Sousa sonríe. Como jefa de Servicio de LAN, está impecable en su uniforme colorado y azul, y maquillada a la perfección. Se para esbelta en el galley frontal del avión y repite una y otra vez el mismo saludo en todas las variantes posibles: "Bienvenido a bordo", "buenas tardes", "welcome aboard", "¿qué tal?", "hooolaa", "bienvenido"... Y sigue. No se cansa. Como no parecen cansarse los miles de tripulantes de cabina que todos los días vuelan por las rutas aéreas nacionales e internacionales, ni los miles de aspirantes que intentan llegar a ejercer esta profesión que cada vez tiene más demanda. 

 "Tenemos más de dos mil currículums en nuestra base de datos que nos han llegado por las vías tradicionales. Y continúan llegando", explica Federico Petazzi, gerente de Servicio a Bordo de LAN. Jorge Nogueira, jefe de Tripulantes de Aerolíneas Argentinas y Austral, agrega: "En estos últimos años el crecimiento de la cantidad de alumnos cursantes ha sido exponencial, y eso queda demostrado en la cantidad de currículums que nos han hecho llegar y que nos llegan a diario". 

Para muchas personas, estar encerradas en un tubo de acero presurizado a miles de metros de altura puede ser una de las peores torturas, por corto que sea el viaje. ¿Por qué será que para otras despierta tanta fascinación que buscan extender la experiencia hasta convertirla en rutina cotidiana?

Para Gerardo Roemer, gerente de Marketing de Lufthansa para América latina, este renacido entusiasmo, que tiene su correlato en Europa, se debe a los beneficios que brinda: "Por un lado, está la literal posibilidad de viajar por el mundo y conocer otros países y culturas. Por el otro, es una profesión con alta flexibilidad laboral, y eso hace que tanto jóvenes como adultos la sigan eligiendo. Mientras unos pueden adaptar su horario laboral a un plan de estudios, otros pueden coordinar la maternidad o paternidad con la carrera".

Alfredo Paternó tiene 30 años y hace cuatro que vuela cabotaje en Aerolíneas Argentinas. Para él, volar es una pasión que se lleva adentro: "Realmente te tiene que gustar. No es un trabajo que simplemente se pueda soportar; porque es una vida completamente inusual, aleatoria en días y horarios". Aunque siempre quiso volar, ésta no fue su primera elección, ni es la única. Cuando cuelga el uniforme de tripulante se convierte en docente de Teología y estudiante de un MBA. "Toda la vida soñé con hacer esto, pero con la facultad quedó pendiente. Cuando me recibí comencé a dar clases y a vivir la realidad económica de los docentes. En 2003 hubo un llamado para ingresar en Aerolíneas y entré." 

¿Pudiste concretar tu fantasía?

-Había un sueño, más que una fantasía, y eso es algo para aclarar: quien nos mira desde afuera piensa que conocemos un montón de lugares o que vivimos siempre en hoteles cinco estrellas. Y en parte es verdad: quienes vuelan en internacional están cinco días en Madrid en un buen hotel o van de compras por la Quinta Avenida, en Nueva York. Pero cuando regresas, quizá volvés a tu mono-ambiente en Caballito y vas a comprar al súper de los chinos. Es verdad que tenemos muchas facilidades para viajar, pero nosotros trabajamos y lo que más conocemos son los aeropuertos. 

Confusión de roles

Los tripulantes de cabina siempre están extremadamente prolijos, sonrientes, ayudan a acomodar el equipaje de mano, sirven la comida, el té y el café. Eso es lo que el pasajero ve y muchos aún piensan que para eso están en el avión, como si sólo fueran meseros en el aire. Error de percepción. "Nuestra principal obligación y responsabilidad es la seguridad del pasajero", explica Jaquelina Visconti, también de Aerolíneas Argentinas.

El plan de estudios para la carrera de tripulante, tanto el que se toma para conseguir la licencia como el que harán luego de entrar en una compañía aérea, sólo tiene un par de materias referidas al servicio. Luego, todo se centra en primeros auxilios, diferentes tipos de salvamentos, prevención de accidentes, procedimientos de emergencia, etcétera. "El pasajero se siente muy vulnerable dentro del avión -explica Visconti-. Es un medio ajeno a él y mientras allí esté depende de nosotros, y nosotros somos los encargados de transmitirles seguridad y tranquilidad. Una vez, un bebé de 8 meses tuvo un paro cardiorrespiratorio en el medio del vuelo y la madre me lo pasó como un paquete. No tuve tiempo de pensarlo. Lo agarré, lo puse sobre una mesada, le hice reanimación cardiorrespiratoria y salió. La madre, encerrada en un avión a 10.000 metros de altura, no tuvo la posibilidad de llamar a una ambulancia y a quien recurrió fue a nosotros, porque es para lo que estamos preparados." 

Uno para todos y todos para uno 

El trabajo de la tripulación es, sobre todo, un trabajo en equipo, explica Rosario Fichera de Sousa, jefa de Servicio de LAN, durante el vuelo 4214, con destino a la ciudad de Córdoba. Mientras ella termina de ultimar detalles de abastecimiento de catering e insumos para el baño, uno de sus tripulantes a cargo, Nicolás Wright, explica el protocolo que se debe seguir antes del despegue: chequear que todos los elementos de seguridad estén en óptimas condiciones; si el vuelo llegó desde otro destino, que no hayan quedado elementos extraños en la cabina; que la tapa del inodoro esté trabada, y un sinfín (un verdadero sinfín) de detalles y cosas que, para un extraño, pueden ser insignificantes. "Nada es irrelevante o puede pasarse por alto", dice Nicolás.

Antes de cada vuelo, la jefa de Servicio (o de cabina, según la compañía), lleva a cabo lo que llaman un briefing : una síntesis de cómo se realizará el servicio a bordo, de acuerdo con la cantidad y el tipo de pasajeros que subirán. En este avión, un Airbus 320, van cuatro tripulantes de cabina. Dos estarán atendiendo de la mitad para adelante y los otros dos, Gregorio y Fernanda, de la mitad para atrás. Cada uno está a cargo de algo, tiene una función específica, y lo que prima es la confianza en el profesionalismo del equipo. "Confiamos en nuestros mecánicos, en el coordinador, en los pilotos y, sobre todo, en nuestros compañeros de cabina", explica Rosario, que, aunque parece obsesiva, no vuelve a chequear aquello que sabe que sus tripulantes supervisaron. El viaje es corto y, aunque se suponga lo contrario, un viaje así siempre es más complicado que uno trasatlántico. "Tenemos 50 minutos de vuelo y sólo 20 para el servicio. Es mucho más adrenalínico, pero va a estar todo tranquilo", confía Rosario.

Los pasajeros están a bordo y ya fueron contados dos veces; los portaequipajes, asegurados; los cinturones de seguridad, abrochados. "Cabina libre", anuncia Rosario, por el teléfono intercomunicador, al piloto en la cockpit (cabina de comando), frase clave para comenzar el decolaje (carreteo para el despegue). Los tripulantes se acomodan en sus asientos rebatibles, llamados jump sits : ése es el momento que tienen para charlar y ponerse al día, antes de comenzar con todo el traqueteo. El avión despega y, aunque aún no está paralelo a la tierra y los carteles de abrocharse el cinturón todavía están encendidos, la cortina del galley se cierra y comienza la rutina del armado del carro de servicio. "Tenemos cinco minutos para armarlo, pero lo hacemos en dos", dice Rosario, ya con el uniforme para servir, a la vez que llena en forma muy audaz los termos con agua hirviente de unos contenedores de acero llamados boilers . Mientras tanto, Nicolás ya ubicó las bebidas en la parte superior del carrito y acomodó las bandejas del catering. Con la salida previamente coordinada con los tripulantes del galley trasero vía interfonía, parten hacia la cabina e inician la coreografía del servicio. Una vez que se retiró el catering, la cortina vuelve a cerrarse. Nicolás vacía los termos en el inodoro del baño, ya que deben quedar limpios para el aterrizaje, y Rosario vuelca los restos en un contenedor de basura encerrado en uno de los armarios, trabado. "Tanto en el despegue como en el aterrizaje, cualquier objeto suelto puede transformarse en un proyectil letal", explica Nicolás. 

¿Por qué hay que tener los asientos en posición vertical y la bandeja plegada? 

-Si el avión llega a hacer un descenso de emergencia y la mesa está baja, te podés lastimar con ella. Si el respaldo está inclinado, le quitás movilidad al pasajero de atrás, y la posición vertical es la de trabado. En caso de impacto, el asiento, al no trabarse, va a ir de atrás para adelante y no te podrás poner en posición de impacto.

Córdoba ya está cerca. Rosario hace el anuncio a los pasajeros, y lo lee de un libro llamado Manual de fraseología a bordo : un conjunto de anuncios modelo que completa con los datos del aeropuerto de turno. La cabina ya está libre para iniciar el descenso y todos vuelven a asegurarse en los asientos. El avión está programado para retornar a Buenos Aires media hora más tarde, con otro set de pasajeros, y los tripulantes ni planean bajar al aeropuerto. Seguirán de largo para hacer a la vuelta lo mismo que hicieron a la ida.

Aterrizaje, estacionamiento y otra vez la seguidilla de saludos en todas sus variantes posibles: "Buenas tardes", "muchas gracias por viajar con nosotros", "adiós", "chaaauu", "bye bye"...

Por Constanza Guariglia Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

¿Se acabó el glamour?

Hace décadas, el viaje en avión representaba un evento social cercano a las travesías transatlánticas de los grandes barcos europeos. Las azafatas y los comisarios de a bordo, como solían llamarse, siempre destilaron un aire de glamour enfundados en sus elegantes uniformes, y los pasajeros se vestían con sus mejores galas para subir al avión. "Hasta hace un par de décadas había reglas de etiqueta. Ahora la gente se sube en jogging", explica Edgar Yorston, jefe de Cabina de Aerolíneas Argentinas. Carlos Sergi, que desarrolla la misma tarea, agrega y concluye: "Antes una tripulación era embajadora de un país. Lo mismo, el servicio de catering. Entonces sí que era un trabajo glamoroso. Pero todo cambió a nivel global; ahora es sólo un medio de transporte. Igual, éste es un buen trabajo". 

Conciencia de peligro 

Edgar Yorston y Carlos Sergi son jefes de Cabina de Aerolíneas Argentinas. Edgar vuela hace 30 años; Carlos, 23. Pero, aparte de sus puestos de vuelo, los dos son instructores de prácticas de emergencia, un curso que la Fuerza Aérea exige que, cada año, realicen todos los tripulantes. "La repetición anual es importante para refrescar los conocimientos, fijarlos, y para formar liderazgo con los tripulantes en un momento de crisis", explica Edgar. El tripulante de cabina, sin ser fatalista, siempre tiene que contemplar la posibilidad de una emergencia. Mientras el avión carretea hacia el despegue o se acerca al aterrizaje, él ejecuta lo que se denomina silent recall . "Para sí mismo se está diciendo -explica Edgar-: si pasa tal o cual cosa, tengo que sacar a los pasajeros de tal o cual manera. Si hay una madre con chicos o una persona mayor, cómo hacerlo. El avión, en cualquier circunstancia, se debe evacuar en 90 segundos." Aunque conscientes del peligro, no es algo que vivan con miedo. Pero sí con respeto. Al que recién ingresa hasta le gusta que el avión se mueva, y las turbulencias son realmente peligrosas. Un día, un carro de servicio subió hasta el techo y se dio vuelta en el aire. Sin el cinturón, uno es una pluma. Las turbulencias fuertes dan miedo, asustan, pero las enfocás desde la lógica y la supervivencia. Aparte, tenés tantas responsabilidades que salís a la cabina a trabajar y a tranquilizar a los pasajeros", completa Carlos. 

Ayuda a bordo 

Sin importar las horas de vuelo que tengan encima o los años de experiencia, a veces puede pasar que un tripulante, como de la nada, comience a sentir fobia a volar. Las manos empiezan a sudar, los rostros palidecen y el pánico ataca, conjunto de síntomas que conforman el síndrome de adaptación al vuelo (es tratable). "Se produce lo que se llama desaferintización : es un desapego, explica la tripulante de cabina Jaquelina Visconti, que estudió Psicología Aeronáutica en el Instituto de Medicina Aeronáutica de la Fuerza Aérea Argentina. Según Visconti, "estos episodios de crisis pueden comenzar por una situación gatillo: una pérdida familiar, alguna catástrofe aérea o una madre reciente que teme que pase algo en su ausencia. Lo importante es pedir ayuda a tiempo. Esta es una actividad especial. Nos es atractiva porque no es rutinaria, pero la rutina a la vez te contiene mucho. Hay un montón de cosas a las que las personas pueden recurrir para evitar o para pasar ese momento de desapego: fortalecer nuestro círculo de contención, la familia, los amigos; tener actividades que nos hagan bien. Lo sabemos: amamos lo que hacemos, pero necesitamos de todo aquello que está alrededor". 

Dónde estudiar

En 1998, la Organización de Avi1ción Civil Internacional (OACI) estableció que  toda persona que ingrese en una línea aerocomercial como tripulante de cabina de pasajeros, debe obligatoriamente poseer la matrícula TCP, expedida por la autoridad aeronáutica. Para conseguirla, hay varios institutos o escuelas donde se puede estudiar. Hay algunos requisitos importantes para ser tripulante; por ejemplo, tener la altura necesaria para alcanzar, abrir y cerrar cómodamente los compartimientos de equipajes y una contextura física que permita moverse libremente por el pasillo y pasar por una salida de emergencia. Algunas escuelas e institutos: